Siempre
ParecÃa feliz. A todos a su alrededor les hacÃa pensar que lo era. Y, de hecho, ella misma se lo creÃa.
Pero no dejaba de pensar en él.
ParecÃa feliz. A todos a su alrededor les hacÃa pensar que lo era. Y, de hecho, ella misma se lo creÃa.
Pero no dejaba de pensar en él.
Es increíble la manera en la que te marcan tus vivencias de infancia. Un día cualquiera resulta que se convierte en la postal de tus recuerdos más nostálgicos, más inocentes, más bonitos. Aquel día que nunca relatarías. Sí, aquel.
No le des más vueltas. No te pasó nada, ¿a que no? No lo recuerdas especial... Pero en tu cerebro quedó plasmada aquella estampa de felicidad. Se agarró a tu cerebro. A ese lugar del que algunas cosas nunca se desprenden jamás sin saber por qué.
Solo los que entienden de neurología podrían explicarlo, supongo. Para mí eso es algo que me llena las terminaciones nerviosas. De repente ellas cobran vida, se mueve mi cuerpo y casi llega a mis ojos... Siempre con lágrimas. Creo que es ese "hormigueo" del que a veces hablamos... Eso que te hace "implarte", vaya. Veo una puesta de sol y.... ¡Toma ya! Me veo corriendo por aquel "cochambroso" (ellos lo entenderían) campo con mis primos. Acabo de verlo por mi ventana. Privilegiosa vista la que tengo desde mi habitación, lo sé.
Ahora llega mi primavera más nostálgica. Y como quiero verles y ellos nunca vienen, pues.... He decidido coger el coche e ir a contarles mis últimas vivencias. Lo bueno de la sangre es que siempre te responde.
A veces sentimos una atracción irrefrenable e inexplicable por una persona. No se trata de algo físico, ni siquiera sentimental. Pero algo en ella nos hace querer que siempre se sienta bien. No sabemos mucho de su vida, no conocemos su día a día, sus gustos o dónde vive exactamente. Pero tenemos la clave que hace que, cuando es necesario, esa persona sienta nuestro respaldo. Lo que le decimos le ayuda, le empuja, le da fe y valor.
Eso es lo que le pasaba a él con ella. Nunca se explicó el porqué. De hecho, nunca habría de encontrar respuesta a esa pregunta. Hasta tal punto que dejó de hacérsela.
En una ocasión, hace años, ella entró en una caída libre que parecía que terminaría en tragedia. Cada vez se apagaba más. Fue muy poco a poco. Tanto, que los que más cerca la tenían ni se dieron cuenta. Estaba a punto de tocar fondo, aunque se negara a creerlo y admitirlo. Sí, ella era fuerte. Pero llegó ese día y él la llamó. Parte de su charla, de sus consejos, tenían cierto interés más allá de ese sentimiento que no terminaba de entender si era paternal, fraternal o, simplemente, simpatía. Él jugaba un papel interesado en el bienestar de ella, pero el objetivo era bondadoso. Por eso, porque en realidad buscaba algo bueno para una persona que requería energía, mereció la pena que se valiera de algunas artimañas. No escondió ni un argumento; dijo lo estrictamente necesario.
Ya no importó nada más. Él había conseguido "enchufarla". Ella no tuvo más remedio que creer en todo aquello que le dijo ya que, verdaderamente, él no era amigo ni familiar. Esa distancia que sentía la llevó a confiar en sus palabras.
Son capítulos misteriosos de la vida. Cómo alguien de quien no buscas ningún tipo de relación es capaz de hacerte sentir bien cuando nadie más puede hacerlo. Es un poder que va más allá.
Y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba, y lloraba.......
Estaba loca por su chico. Le quería como a nada en el mundo. Pero lo vio venir: él se había enamorado de otra persona. Mantuvo el tipo como una gran señora y le dejó volar. Se recompuso con el paso del tiempo, como todos los seres humanos que no pueden evitar ser eso mismo: sobrevivientes.
Pasaron los meses.
Aquella noche era una más. Pero solo en apariencia. Porque, sin querer, se tropezaron. Y aun sin creer en el destino prefirieron dedicarse el resto de la velada a ellos. Una velada que llega hasta estos días. Ahora, 13 años después, forman la familia más armónica que nadie pueda disfrutar, contemplar y admirar en su vida.
Ella creía que se metía en un mundo "de osos amorosos" donde no estaba segura de encajar. Pero le arrastraba el corazón. Y no se daba cuenta de que, en realidad, era ella quien unía y volvía mejores personas a los que la rodeaban.
Lugar: centro comercial.
Protagonistas: una madre y su hijo
Discusión:
- Madre: "¡Que no, ni pelotas ni pelotos!"
- Hijo: "Joooooo... ¡Ya no te quiero!"
- Madre: "Pues yo a ti sí".
- Hijo: (silencio)
Esto es un jaque mate total. :D
Vivía sola. Cada mañana se levantaba con tiempo más que suficiente. Le gustaba dedicarse a ella: en la ducha, eligiendo vestuario y, sobre todo, en el desayuno.
Le gustaban los animales. Los gatos más que ningún otro. El suyo era un persa. Una hembra muy bien educada y más cariñosa de lo que acostumbran a ser los mininos.
Tenía muchos amigos, una familia estable y amantes cada vez que ella quería. Su vida, podemos decir, era cómoda y fácil. Un día apareció él. A ella, en el fondo, la volvía loca, pero lo olvidaba cuando se enfrascaba en sus asuntos domésticos e incluso en el trabajo. Él era amable, inteligente, la respetaba, en parte la admiraba. Pero no era la mujer de su vida. Él tampoco lo era en la de ella. A veces se veían a solas, y cuando eso ocurría era como si se detuviera el mundo. Luego cada uno seguía su propio rumbo; cada cual por su lado.
Y sin saber por qué, aquel martes fue el último. Dejaron de enviarse noticias. Nunca más se vieron. Ni se llamaron. Ni intentaron volver a quedar. Ahora cada uno es feliz con su vida. No lo saben, pero los dos viven en Australia. Circunstancias diferentes les llevaron a querer dejarlo todo y emigrar. A lo mejor dentro de un tiempo se abre de nuevo esta historia para contar que se han vuelto a ver.
Siempre le tocaba la sorpresa del roscón.... Creía que eso no era buena señal. Pero no podía evitar ganar ahí, aunque solo fuera ahí: en ese absurdo torneo que cada año se gesta en las familias en busca del regalito del dulce típico de Reyes...
Una amiga a la que no solo quiero, sino admiro mucho, se propuso hacer esto el año pasado. Ahora yo quiero ser como ella.
No es que me guste escribir, pero siempre imagino libros sobre las escenas que me encuentro cada día; las que protagonizo o las que veo como espectadora. Por eso TODOS LOS DÍAS intentaré contar alguna.
No estoy segura de poder aportar algo con este nuevo diario que he creado, pero lo intentaré. Compartir sentimientos ayuda a sentirse mejor. Supongo.
¡Gracias por leer!
Aquellos sabores le recordaban a sus años más felices; no pudo volver a probarlos.
Nunca me han gustado mucho los megáfonos, así que usaré este espacio para expresarme \"discretamente\"
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